PROPUESTAS PARA UN NUEVO INTERNACIONALISMO

 

trascripción  de su intervención en el Seminario Internacional “América Latina": ¿Integración soberana o subordinada? Realizado en Río de Janeiro los días 31 de enero, 1 y 2 de febrero y organizado por LPP-UERJ (Brasil), FIM (España) y CLACSO (Argentina. Este texto es también un resumen de su  ponencia en el Foro Social Mundial. (Porto Alegre 28 de enero de 2001)

 

Manuel Monereo Pérez

 

Introducción

          Quisiera comenzar con la idea de que efectivamente, como ha dicho Francois Houtart, parece que las cosas están cambiando. Que el volumen, la magnitud de las resistencias se están incrementando y que lo que hemos vivido en Porto Alegre nos parece una señal, un símbolo de un cambio de tendencia. Sobre ese cambio de tendencia y sobre el cómo trabajar para que éste se estabilice y profundice tratará intervención.

 

Primera propuesta:  Por una nueva cultura política de la izquierda

Esta es una de las lecciones que tenemos que aprender del pasado los hombres y mujeres que venimos de la izquierda y de las diversas variantes del marxismo. Sin una crítica al eurocentrismo, sin una crítica de la modernidad capitalista no vamos a ser capaces de responder culturalmente a los desafíos de la época. Como diría Boaventura de Sousa Santos: la modernidad no ha sido otra cosa que una localización globalizada, que es el procedimiento que usan aquellos que globalizan su cultura local para llamar localistas a otras culturas y por tanto subalternas.

Una de las peores consecuencias de la globalización capitalista que estamos viviendo es la tendencia a la uniformización cultural. La tendencia no ya a un pensamiento único, sino a unos valores únicos, a una única cultura que condena a muerte, a la extinción a lo que es la mayor riqueza de la especie: su diversidad cultural. Y lo que es más significativo, que incapacita para pensar de modo crítico sobre la sociedad y sus valores.

Cuando cada día desaparecen lenguas y culturas de nuestro mundo, algo nuestro definitivamente se nos va: experiencia, memoria, sentimiento;  sin estas "formas de vivir la vida" será más difícil reconstruir un mundo humano. Sin esas experiencias de vivir una cultura, de la convivencia entre culturas diversas, entre distintas religiones, desde su propia especificidad, no seremos capaces de salir del "impasse" al que nos tiene sometidos el capitalismo. Lo peor de él no es que disuelva identidades es que ya no crea ninguna. Este capitalismo realmente existente genera anomia, incapacidad y una enorme violencia. Violencia que expropia la subjetividad, que impide el pensamiento crítico y que genera el bloqueo de los impulsos emancipatorios del ser humano.

Es por eso que el debate cultural, la lucha cultural, la lucha sistemática contra estas tendencias modernizadoras, deben de ser la primera propuesta de una fuerza que pretenda un mundo y una vida vivible en un planeta para todos y para todas, donde quepamos desde nuestra singularidad.

Estos días hemos discutido de muchas cosas, entre ellas de los fundamentalismos y, desde mi rechazo más absoluto a los mismos, tengo que señalar que los peores de todos ellos son el fundamentalismo del mercado y el eurocentrismo.  No tenemos ningún derecho a imponer a los demás nuestros valores y nuestra cultura, y mucho menos, como pasa en países como Argelia, donde se ha vivido la experiencia del colonialismo y de un socialismo que ha terminado en corrupción y en la miseria de las mayorías sociales. Si  te intentan robar la identidad y te quitan el pan de cada día, ¿cómo no pensar en el consuelo y el refugio de Allah y de tu propia tradición cultural?  O eso, o  coger la patera, un barquito, que te lleve a través de España, superando los obstáculos de la policía española, hasta Europa, a dejar de ser lo que eres y a vivir en el desarraigo.

 

Segunda propuesta: Una estrategia instrumentalmente compleja

            Una estrategia de izquierda para hoy debe combinar, desigualmente, el trabajo en tres campos: el nacional-local, el regional y el internacional. La estrategia  de un “nuevo internacionalismo” debe  intervenir de forma compleja, interactuando sobre estos tres planos que es donde se define y se organiza el poder. Lo que hay detrás de esta interrelación es un proceso de creación y distribución del poder que articula nuevos sujetos, erosiona el margen de maniobra de los estados nación, concede un protagonismo especial a lo que un autor ha llamado estados privados sin fronteras (Las Corporaciones Transnacionales) y donde aparecen nuevos impulsos en favor de una democracia cosmopolita.

En esa redefinición territorial del poder, la izquierda tiene que actuar. Lo que estamos debatiendo sobre el ALCA, nos demuestra, paradójicamente, que para recuperar márgenes de autonomía macroeconómica, para recuperar soberanía, tendríamos que impulsar procesos de regionalización de la economía-mundo capitalista para acumular poder real de negociación frente a los gringos y para medirnos con esos estados privados sin fronteras, que son el auténtico sujeto constituyente del nuevo poder mundial organizado a partir de los años setenta.

 

Tercera propuesta: Partir de la heterogeneidad del sujeto y de su diversidad político-cultural.          

Creo que el sujeto siempre fue heterogéneo. Fueron nuestros ojos los que lo vieron homogéneo. El mundo real no admite simplificaciones y el sujeto no ha tendido a la simplificación sino a la heterogeneidad, a la presencia de vertientes culturales, económicas, étnicas que requieren proyectos de convergencia y de unidad desde la propia especificidad.

Para esto hacen falta estrategias que valoricen la unidad, que sean capaces de asegurar convergencias sin disolver las singularidades de cada uno de los componentes sociales y culturales que reflejan esta heterogeneidad del sujeto, que es necesario unir para poder transformar nuestra realidad. En este período hemos aprendido mucho de las feministas. Una de ellas,  Nancy Fraser,  ha defendido la necesidad de una convergencia  entre aquellos movimientos que parten del reconocimiento y aquellos que postulan la redistribución económica,  social y de poder. Como es sabido, ambas defienden estrategias diferentes: una, de afirmación, que pone el acento en corregir las razones que han permitido su subalternidad cultural, otra de transformación que, sin negar otra la estrategia, pone el acento en las causas sociales y culturales que provocan no sólo la pérdida de reconocimiento, sino la subalternidad y la explotación. Necesitamos estrategias que valoricen la unidad y la convergencia desde la propia especificidad.

 

Cuarta propuesta: Por un programa internacional de la izquierda

                No me refiero a un conjunto de medidas detalladas, al estilo de un programa electoral. El programa debe de ser, desde mi punto de vista, una oportunidad para reconstruir sujetos sociales en torno a reivindicaciones cardinales, a ideas-fuerza que señalen elementos de superación del orden existente y que a la vez generen posibilidades de que sujetos sociales se organicen, converjan y actúen en la transformación social.

                Se trata de poner en pie, a escala mundial, un conjunto de propuestas que sean capaces de aglutinar y organizar sujetos políticos mundiales, capaces de intervenir políticamente en todo el planeta, desde supuestos alternativos a los dominantes.

El programa debería tener, a mi juicio, dos objetivos básicos: uno, la necesidad de que el Sur del mundo tenga más poder, mayor capacidad de influencia en el orden mundial,  y el segundo, que sé de una transferencia sustancial de rentas desde el norte hacia el sur del mundo. Sin esto el nuevo orden internacional no sería otra cosa que una palabra vacía de contenido.

 

Quinta propuesta: Por una estrategia de poderes sociales

                Habría que hacer un esfuerzo para definir una estrategia que tuviera dos objetivos sustanciales: democratizar los aparatos e instituciones del estado y reorientar, en un sentido socialista, la sociedad civil. Esto se tiene que hacer creando en la sociedad espacios de autonomía y de control del poder político; generando espacios que promuevan comunidad, cooperación, solidaridad, altruismo y que permitan la autoorganización social. Que, en definitiva, permitan la Política.

Castoriadis diferenciaba lo político de la política: lo político son los aspectos institucionales del poder. La política es la autoorganización social, la autoinstitución, el poder autoconstituyente de los sujetos sociales. La estrategia de poderes consiste en la creación de dispositivos difusos contrahegemónicos y organizados frente al poder existente. Una estrategia así concebida debería combinar una estrategia de poderes sociales, que reconstruya la sociedad civil en un sentido socialista, con la democratización de los poderes institucionales, superando el hiato, cada vez más fuerte, entre lo político y la política, que es uno de los grandes problemas que tiene hoy que resolver  la izquierda.

 

Sexta propuesta: Fundar la Internacional del género humano

Ciertamente, todas estas propuestas requieren una forma-partido, una forma-organización. Es evidente que nadie tiene una alternativa para crear un  sujeto político internacional capaz de intervenir activamente, coordinar luchas sociales y condicionar a los poderes globalitarios.  Creo que la izquierda tiene que reconstruir una internacional, pero no cualquier internacional, sino la Primera. El porqué de esto lo resumo, esquemáticamente, en tres argumentos:

Primero, por la necesidad de refundar un nuevo proyecto emancipatorio. Los tres grandes proyectos que surgen de la Primera Internacional (libertario, socialdemócrata y comunista) están agotados históricamente, como proyectos socialmente creíbles y como definiciones políticas precisas. No así, obviamente, como identidades políticas y como tradiciones culturales y morales.. Estos paradigmas de la izquierda están hoy agotados y hace falta un instrumento, una organización que permita el surgimiento y desarrollo de un nuevo proyecto anticapitalista y una nueva perspectiva socialista, que nos permita avanzar en otras formas de intervención política y coordinar las luchas y las acciones desde la diversidad.

 Segundo,no se trata de crear secciones nacionales de la Internacional sino de una organización transversal a toda la izquierda, que tenga como objetivo la transformación del mundo y de todas y cada una de nuestras sociedades.  Esto requiere de un gran esfuerzo moral e ideal, de una subjetividad rica en contenidos políticos y programáticos. Esta Internacional se puede y se debe hacer,  y puede ser un elemento que ayude a la toma de conciencia social y que contribuya a individualizar los grandes problemas que hoy afectan a la Humanidad, sin los cuales la vida sobre esta nuestra tierra no tendrá futuro.

Y tercero, porque es necesario también recuperar el concepto de militancia política. Sé que muchos de vosotros estáis hartos de la política y de los políticos.  Yo, que me dedico a esto, algunas veces  ya no sé si soy de los nuestros. Pero que haya partidos, formas organizativas que no nos satisfagan, que nos sintamos hartos de las luchas internas por el poder, de la burocratización, de que muchas veces los militantes para lo único que sirvan sea para pegar carteles en las campañas electorales no debe de impedir nuestro compromiso político, nuestra lucha social por cambiar el mundo. Si los partidos y las organizaciones sociales existentes no nos satisfacen, creemos otras, interviniendo contra la opresión social o bien, intentemos transformar las organizaciones políticas existentes. En definitiva, de lo que se trata es de no buscar excusas para no comprometerse en cambiar este mundo, que es invivible para las cuatro quintas partes de la Humanidad.

              

                Desde esa perspectiva,  no hay que tener miedo de nuestros sentimientos; del amor infinito que la izquierda, en su tradicional lucha contra la explotación, ha puesto en su compromiso político. Nosotros hemos sido una generación de hombres y mujeres que hemos amado muchísimo, que hemos amado tanto que ni con tortura nos han sacado el nombre de un compañero, que nos hemos jugado (y hasta perdido) la vida por nuestro compromiso con nuestras poblaciones. La pasión, el amor, son fundamentales para hacer política revolucionaria, aunque siempre nos hemos avergonzado de expresarlo públicamente. Tuvo que ser, una vez más,  el Che, en su fundamental obra "El socialismo y el hombre en Cuba", el que nos dijera que los revolucionarios verdaderos están guiados por el amor.

Tenemos que sacar toda esta energía de nuestro amor para un compromiso con las víctimas, convertirlo en fuerza y en organización para cambiar la política, por que al final nuestra tarea no es otra cosa que una pasión razonada. Una pasión que argumenta, que razona, pero una pasión que, sobre todo, quiere transformar el mundo transformarse a sí mismo y a la sociedad.