Propiedad intelectual y Copyright. El precio de las ideas. ---------------------------------------------------------- Por Antonio Montesinos (a.monte@jet.es) Este artículo se puede reproducir cuantas veces se quiera, siempre que se haga sin modificaciones y se pueda volver a hacer así. Publicado originalmente en Alejandria: http://www.web.sitio.net/faq en Septiembre de 2000. ---------------------------------------------------------- "Colegio: Catedral de la docencia, donde se debería aprender que en la vida no triunfan los buenos o los inteligentes, sino los listos". (José Luis Coll. "La Cadena") A estas alturas de la película ya estamos hartos de oir siempre lo mismo. Aquello de la "revolución de las comunicaciones" suena un poco a manido y los que siguen con la cantinela del "libre acceso a la información" y que "Internet cambiará nuestras vidas" están empezando a ponerse pesados. Y todos sabemos por qué. Porque la historia se repite; porque tenemos otro collar nuevo para el mismo perro de siempre; porque estamos delante de la gran tarta del nuevo siglo repartida entre los mismos comensales; porque seguimos siendo los necios que confundimos el valor con el precio (Machado dixit); porque tenemos delante la piedra de los tropiezos, de los mismos tropiezos de siempre... de este siglo, del pasado y del que viene. La gran promesa de Internet y la "revolución de las comunicaciones" es la portentosa facilidad para mover la información de un sitio a otro. Usada con inteligencia, esa información se puede convertir en conocimiento. Pero como están las cosas, este asunto sigue siendo tarea difícil y en los tiempos que corren hablar de conocimiento puede llegar a sonar raro, desgraciadamente. Las causas siguen siendo las mismas: la consabida, repetida, y abominable tendencia de tasar y poner precio a todo; de convertir en comercio y negocio todo lo que rodea a las masas; de hacer pasar por el "debe" y el "haber" incluso a las ideas. Así las cosas, la "libre circulación de información" a través de Internet se está viendo amenazada por los mismos mezquinos intereses de siempre. A estas alturas poco importa el conocimiento. Hoy la información, sea la que sea, se mide en dólares. Esto ya ha pasado con la televisión: hechizada por los índices de audiencia, la calidad de los contenidos se ha vanalizado hasta extremos inauditos. Un medio de enorme impacto social y con unas posibilidades educativas tremendas, se está viendo degradado por las exigencias de los anunciantes que están obligando a los programadores a lanzar por la caja tonta una programación que roza los límites del retraso mental. Para encontrar en televisión contenidos que merezcan la pena, y que la justifiquen como elemento social, hay que subscribirse a la de pago (de nuevo pagar) o cambiar a la tv pública en horarios en los que no esté contaminada por la injustificable tendencia de copiar lo que hacen las privadas. Un verdadero desastre. Pero Internet, a pesar de sus ventajas, no se libra de tan preocupante tendencia. Los grandes portales, que aglutinan en manos de los de siempre el manejo de la información, se están convirtiendo para muchos en el punto de entrada y referencia de todo lo que pasa en el mundo. La acumulación de la información en grandes nodos centralizados no sólo es perjudicial para la información en sí misma, sino que va en contra de los principios de trabajo y cooperación en grandes redes como Internet. La obsesiva ambición de las grandes multinacionales de la información por aglutinar (sea como sea) usuarios bajo su manto está comenzando a vanalizar también los contenidos de la red. La información electrónica de calidad se sirve vía VISA, con copyright y "cuidadito con lo que haces con ella"... ¿Qué alternativa nos queda?, ¿dónde están las ventajas de la interactividad, ausencia de distancias, copias sin pérdidas y ruptura de fronteras que ofrece el ciberespacio? ¿se preocupa alguien de esto? ¿alguien sirve contenidos de calidad a bajo coste? Vamos por partes. Antes que nada están los del Open Source (la tribu Linux y todos los programadores de software GNU). Que un grupo de chavales (y no tan chavales) estén creando software gratuito, de calidad y modificable por cualquiera y que estos productos estén llamando la atención de empresas de Wall Street es significativo (y peligroso). Calidad versus cantidad; espíritu libre y abierto frente a ofertas cerradas y comerciales. Después están cientos de iniciativas de usuarios independientes y grupos organizados que crean y distribuyen información de libre distribución (generalmente información técnica); algunos periodistas y escritores que generan literatura freeware; recopilaciones de libros de dominio público (Proyecto Gutenberg y similares); músicos independientes y poco más... ¿Qué tenemos, pues, en este cesto? Pues una ridícula (despójese a este adjetivo de cualquier carácter despectivo) representación de trabajo desinteresado; de personas con conocimiento, que saben que la información compartida es más útil (y divertida); de usuarios que han descubierto las ventajas de ofrecer su trabajo sin pedir nada a cambio; de gente que hace crecer una (pequeña) bolita de nieve de donde otros se nutren para seguir haciéndola más grande; de individuos que han desarrollado una mentalidad distinta con respecto a las ideas y a su libre disponibilidad; un conjunto personas inteligentes que han descubierto la palabra compartir. ¿Qué futuro tienen los movimientos en pro de la eliminación del copyright -o su atenuación-?, ¿tiene futuro la información de libre circulación? Definitivamente SI. Un sistema de libre distribución de información de calidad aumentaría significativamente las posibilidades educativas de muchas personas a medio y largo plazo. La libre disponibilidad de ideas a través de las redes telemáticas y el acceso a ellas desde los centros educativos, e incluso el hogar, de manera generalizada haría un gran bien a las sociedades de todo el planeta. El discurso materialista y exacerbadamente pragmático, que ve en esta posibilidad un idealismo fuera de contexto social, no es más que producto de una estrechez de miras basada en la ambición material que considera como riqueza sólo los bienes de consumo. Los beneficios de ese sistema existen realmente. Está demostrado. La libre disponibilidad de la información, la prohibición de patentar descubrimientos científicos y el acceso a esa información como patrimonio de la humanidad sólo tienen un freno: nosotros mismos. La ambición y el egoísmo de unos pocos, los intereses nacionalistas y económicos y el sentimiento generalizado de que las ideas no produzcan beneficios económicos. Si conseguimos escapar del borreguismo del pensamiento único, parido y orquestado desde el engaño sutil, quizás seamos capaces de ver la necesidad de fomentar la libre circulación de la información; de crear contenidos de libre distribución que nos sirvan a todos y de darnos cuenta, una vez más, de que el precio de las ideas es el precio de nosotros mismos. El precio de nuestro orgullo y nuestro egoísmo. El precio que pagamos todos, por culpa de todos.